«Y al despertar me saciaré de tu semblante»
Lo que sí se percibe es que la fe, la esperanza y la caridad han cobrado nueva fuerza en la vida. Entonces es posible esa disposición fundamental que llamamos “actitud de oración”, esa peculiar forma de ser del que ora y que consiste en tomar conciencia de esa misteriosa Presencia y decidirse a responder activamente a ella. Entonces se ilumina la inteligencia, se fortalece la voluntad, se purifican el sentimiento y la sensibilidad, y todas las facetas del ser humano adquiere pleno sentido. Se trata de la Presencia insuperable de un Dios siempre joven. Aunque se llame Jesús, nuestro hermano y hombre perfecto, siempre será -pese a que le denominemos, como el profeta Daniel, el “anciano en días”- el Dios-siempre-nuevo, que une al anciano y al joven en una constatación asombrada: la de la novedad perpetua de Dios.
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SalTerraeISBN
978-84-293-1194-5Colección
ST BreveNº Páginas
112Número
29Año
1996Edición
1Formato
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