A veces uno se pregunta de dónde van a salir las ideas que necesitamos para no volverse loco con todo lo que está pasando. Y de repente aparece una mujer del siglo XIV que decidió meterse en una celda pegada a una iglesia y no salir de allí en toda su vida.
Juliana de Norwich no tenía redes sociales, ni marketing, ni ninguna intención de influir en nadie. Pero sin duda lo consiguió. Y muy pronto se convirtió en un referente espiritual y social de la maltrecha Inglaterra del siglo XIV, asolada por la Peste Negra. los rescoldos de la Guerra de los Cien Años y las revueltas campesinas. Juliana solo tenía visiones y la necesidad de intentar ponerlas en palabras. Seis siglos después, seguimos hablando de ella.
En esta entrevista charlamos con la británica Claire Gilbert, autora de la novela Yo, Juliana. Autobiografía novelada de Juliana de Norwich, que rescata a esta figura y la trae al presente. Hablamos de por qué una mujer que eligió el silencio puede seguir diciéndonos cosas sobre el dolor, el amor, la soledad y el estado del mundo. Y de cómo, a veces, las respuestas más interesantes no vienen precisamente de donde uno espera. No podríamos empezar esta conversación sin agradecer la colaboración de Fernando Beltrán, que como buen amigo, ha hecho de puente y, sobre todo, ha conseguido que las palabras fluyeran entre el español y el inglés.
Pregunta:
Para que te conozcamos: ¿quién eres? Cuéntanos tu trayectoria, qué has hecho en la vida, qué te apasiona, cuáles son tus inquietudes y preocupaciones. Y si quieres, háblanos también de ese vínculo con España que tienes.
Respuesta:
No hace mucho que me dedico a escribir novela histórica. La mayor parte de mi vida la he pasado en la docencia, escribiendo y asesorando en cuestiones éticas desde el ámbito académico. Trabajé como especialista en ética de la investigación con seres humanos y fui asesora de la Iglesia de Inglaterra en ética médica y medioambiental. También fundé y dirigí el Instituto de la Abadía de Westminster para la ética en la vida pública.
Estoy casada con un irlandés maravilloso y vivimos entre Hastings, Londres y Kerry. Me gusta mucho montar a caballo, nadar en el mar, ejercer de anfitriona y cantar polifonía y canto llano. Incluso, durante un verano, me atreví a hacer monólogos de humor.
Me preocupa el mundo en el que vivimos. Ojalá fuéramos capaces de dejar a un lado las armas, la codicia y el miedo, y nos diéramos cuenta de lo mucho y lo urgentemente que la Tierra necesita que la atendamos y la cuidemos.
Tengo ascendencia española por parte de mi abuela paterna, que murió antes de que yo naciera, así que nunca llegué a conocerla y mi padre apenas hablaba de ella. Pertenecía a la familia Byass, la de las bodegas de jerez González Byass. Desde hace tiempo siento un gran deseo de visitar Jerez. Es un sueño que todavía no he podido cumplir.

Pregunta:
Cuéntanos cómo surge este libro. ¿Cuáles fueron sus orígenes, tanto intelectuales como personales?
Respuesta:
Desde que la descubrí durante mis estudios de teología en la Universidad de Oxford, siempre me fascinó Juliana de Norwich. Su luz brillaba con fuerza incluso en medio de unos estudios bastante áridos. Ella no intentaba organizar a Dios ni ponerlo en un esquema. La estudié a fondo para mi tesis doctoral, donde defendí que su capacidad para escribir de forma tan viva sobre sus revelaciones lograba algo muy poderoso: hacía partícipes a los lectores de su visión y recuperaba en nosotros esa “porosidad” que nos hace permeables a Dios, a los demás y al mundo que nos rodea.
Sostengo que ese encuentro poroso es la clave para dejar de mirar el mundo como algo que hay que controlar y cosificar, y empezar, en cambio, a ponernos a su servicio. Por eso Juliana se convirtió para mí en una guía para pensar la crisis ecológica.
Un año después de defender la tesis me diagnosticaron mieloma, un cáncer de la sangre incurable. En ese momento, Juliana dejó de ser solo un objeto de estudio académico y se convirtió en una compañera y una guía durante los dos años y medio que duró un tratamiento muy duro. Me enseñó a afrontar el dolor, a perdonarlo y a convertir mi cáncer en una fuente de alegría y no de amargura.
Cuando terminé el tratamiento, sentí que debía escribir su historia como un acto de reconocimiento y de gratitud. Quería hacerlo con la misma voz auténtica que había encontrado al escribir sobre mi propia experiencia, por eso decidí escribirla en primera persona. Tuvo que ser un ejercicio de imaginación creativa, porque en realidad sabemos muy poco de ella. Me parecía un atrevimiento, pero sentí que ella me lo permitía.
Pregunta:
¿A quién te diriges en estas páginas?
Respuesta:
Al igual que Juliana en sus escritos, me dirijo a todo el mundo. Tengo la sensación de que existe una gran sed espiritual en nuestro tiempo y espero que esta historia contribuya a saciarla un poco. Me gustaría que ayudara a descubrir que su espiritualidad sigue teniendo sentido para las personas del siglo XXI.
Pregunta:
Para quien no la conozca: ¿quién fue Juliana de Norwich? Cuéntanos brevemente quién era esta mujer del siglo XIV.
Respuesta:
Juliana nació en 1342. Cuando tenía treinta años tuvo una serie de visiones que describió en un texto extraordinario llamado Revelaciones de amor divino. Fue la primera mujer que publicó en lengua inglesa. Existe una versión corta y otra mucho más extensa.
Entró en un pequeño recinto de clausura anexo a una iglesia y vivió allí como ermitaña el resto de su vida. Se cree que murió alrededor de 1416. Algunos pensamos que pudo escribir la versión breve poco después de las visiones, en 1373, y la versión larga ya desde su celda. Hay que ser prudentes con los datos históricos, porque no podemos afirmar con total certeza que la mujer que escribió las Revelaciones sea la misma anacoreta de la que tenemos constancia documental que vivió junto a la iglesia de Saint Julian en Norwich hasta aproximadamente 1416.

Pregunta:
¿Crees que Juliana fue una mujer adelantada a su época? ¿Qué lecciones nos ofrece hoy?
Respuesta:
¡Sí, creo que sí! Tuvo el valor de escuchar y contemplar una y otra vez sus visiones, y el coraje de buscar las palabras para describirlas, sabiendo que algunas podían ser consideradas heréticas en una época en la que la Iglesia perseguía duramente a los herejes.
En lugar de llevar una vida doméstica o entrar en un convento, eligió meterse en una “habitación propia” para buscar la soledad y la vida contemplativa. Al mismo tiempo, sirvió a su comunidad ejerciendo una especie de dirección espiritual y a través de su oración de intercesión.
Ella nos puede enseñar a no temer la soledad, a ser constantes en la oración contemplativa, a abrir el corazón a lo que nos venga y, por encima de todo, a amar.
Pregunta:
Si tuvieras que resumir el libro en tres o cuatro puntos clave, ¿qué dirías?
Respuesta:
Es difícil resumirlo, pero intentaré hacerlo. Es la historia de una mujer fascinante. Es el relato de su vida interior, tan intensa y dramática como cualquier gran viaje heroico exterior, siguiendo la llamada de su anhelo de Dios.
Es también la historia de una mujer que tuvo que enfrentarse a los prejuicios de su tiempo sobre lo que las mujeres podían o no hacer, y a quien, a través de sus visiones y de décadas de reflexión sobre ellas, se le revelaron conocimientos de gran profundidad.




