¿Es posible mantener el optimismo sin caer en la ingenuidad? Dicho de otro modo: ¿cabe la esperanza allí donde la realidad —con sus fríos datos y fracasos— nos empuja a bajar la persiana y darlo todo por perdido?
Y es que, a veces, la esperanza aparece bastante peor vestida en el mundo más cercano a nuestras vidas: en un barrio golpeado, en un centro social que aguanta con lo justo, en una vida que sigue en pie cuando todo invitaba a rendirse.
Patxi Álvarez de los Mozos —jesuita, lector, montañero y observador de aves— plasma esta realidad en su nuevo libro, fruto de su cercanía con quienes habitan los márgenes y con quienes caminan a su lado. Conversamos con él sobre fe, compromiso social, vulnerabilidad y sobre esa esperanza que, cuando se asume con seriedad, deja de ser un “consuelo barato” para transformarse en una tarea compartida.

Pregunta:
Cuéntanos quién es, qué te mueve y qué haces cuando consigues escaparte del ruido de la vida.
Respuesta:
Mi recorrido como jesuita me ha llevado a conocer muchos lugares donde la vida está amenazada. Son lugares marcados por la precariedad y la exclusión, pero también por mucha entrega, mucha generosidad y mucha lucha por salir adelante.
He podido visitar bastantes centros sociales de la Compañía de Jesús situados en los márgenes. De la mano de compañeros jesuitas me he acercado a espacios llenos de vida, aunque muy frágiles. En esos lugares experimento siempre que la dignidad humana es verdadera tierra sagrada, sobre todo cuando alguien la relega o la pisotea.
También me gusta leer y compartir tiempo con buenos amigos. En la naturaleza, especialmente en las montañas, me siento libre, como en casa. Y disfruto mucho observando aves, una afición que me acompaña desde muy joven.
Pregunta:
¿Cómo se pasa de la crudeza de los márgenes a la necesidad de escribir este texto? ¿Es ahí donde nace el libro?
Respuesta:
Este libro surge de la vida. La cercanía a personas y comunidades que sufren me ha devuelto muchas preguntas sobre cómo caminar junto a ellas y cómo servirlas. También ha despertado en mí una gran necesidad de espiritualidad, entendida como orientaciones y compromisos vitales para un camino que nadie traza de antemano.
Entre las víctimas he percibido con frecuencia una convicción profunda: el futuro está abierto y pueden salir adelante. Comparto esa convicción, que se enraíza en mi propia fe cristiana.
Entre las víctimas he visto resiliencia, fortaleza e ilusión. Ellas anuncian esperanza. Y nada resulta tan eficaz para acompañarlas como contribuir a esa esperanza.
Pregunta:
¿En quién estás pensando? ¿A quiénes quieres estrechar la mano con estas páginas?

Respuesta:
Este libro es un canto a la esperanza y se dirige especialmente a quienes, creyentes o alejados de la fe, trabajan al servicio de personas vulnerables: vecinos, voluntarios o profesionales.
Muchas veces experimentan la limitación o el fracaso y necesitan renovar a cada rato su apuesta por la vida. Estas páginas quieren ayudar a que cada persona crezca en esperanza y pueda dar razón de ella.
Pregunta:
Si tuviera que resumir el corazón y el esqueleto de este libro en tres o cuatro pilares esenciales, ¿cuáles serían?
Respuesta:
La primera clave del libro es la constatación de que la esperanza pertenece a las víctimas. Puede parecer paradójico, pero entre las víctimas arraiga la esperanza: ellas expresan esperanza, confían en un futuro mejor y se comprometen a crearlo.
La segunda clave recoge un elemento crucial de la fe cristiana: una víctima, Jesús, injustamente sentenciado, torturado y asesinado, ha sido restaurado en su dignidad y sigue vivo. Esa víctima es Señor de la creación y de la historia. La compasión ocupa el lugar de la venganza. En esa víctima hay futuro para todas las víctimas. La esperanza cristiana está puesta en un crucificado.
La tercera clave tiene que ver con la espiritualidad, con caminos concretos y modos de vivir esta esperanza entre las víctimas. El libro recurre a la espiritualidad de san Ignacio, que sitúa en el centro el seguimiento de Jesús de Nazaret como víctima. Desde ahí propone una espiritualidad de la acción social entre los descartados.
La esperanza trasciende el cálculo. Consiste en encontrar un sentido a la vida y comprometernos con él. También trasciende la mera ilusión o la quimera: expresa la seguridad de que la vida saldrá adelante, de que las víctimas tendrán futuro y de que nosotros caminaremos junto a ellas.





