Hay palabras que salen muy limpias de los discursos oficiales y llegan bastante magulladas a los libros de historia. «Humanidad», por ejemplo. O «derechos». Y, por supuesto, «valores». Son términos estupendos para lucir en los discursos solemnes de las cumbres internacionales y, llegado el caso, para envolver una acción de guerra con un reconfortante aire de buena conciencia.
El problema es que el papel lo aguanta todo, pero la realidad suele ser bastante más áspera. ¿A quién incluye de verdad eso que entendemos por «Humanidad»?
Hans Joas lleva décadas siguiendo la pista de estos términos. Este sociólogo alemán, profesor e investigador de largo recorrido, ha dedicado buena parte de su vida intelectual a una pregunta que parece sencilla solo hasta que uno se atreve a mirarla de cerca: ¿cómo llega una comunidad humana a sentir que algo está bien o está mal para cualquiera, bajo cualquier bandera y al otro lado de cualquier frontera?
Su nuevo libro “El universalismo”, entra en ese terreno pantanoso donde la ética se cruza con el poder y las grandes palabras empiezan a servir para tareas muy distintas. Joas recorre una cronología larga, hecha de imperios, religiones y mutaciones de la conciencia moral, para entender cómo una misma aspiración puede defender la dignidad de todos y, en manos menos nobles, vestir de seda una burda expansión política.
De eso va esta conversación con Hans Joas: de la historia larga de nuestros valores morales, de los derechos humanos mucho antes de que recibieran ese nombre y de la necesidad imperiosa de mirar el presente con algo de memoria. Que siempre ayuda. Aunque solo sea para aprender a distinguir una convicción moral de una coartada bien pronunciada.

Pregunta:
¿Cómo surgió exactamente la necesidad de escribir este libro?
Respuesta:
Este libro tiene profundas raíces en mi trayectoria intelectual. En la década de los noventa, mi interés de larga data por la creatividad humana («La creatividad de la acción», CIS 2013) me llevó a un estudio sobre la «génesis de los valores», es decir, a las experiencias en las que los seres humanos desarrollan la fuerte sensación de que algo es evidentemente bueno o malo (sin traducir al español). A continuación, intenté aplicar esta teoría a procesos históricos concretos en los que surgieron nuevos valores. Tras un primer intento de hacerlo en relación con la historia del fascismo, decidí que prefería estudiar un proceso más cercano a mis propios compromisos de valores. El primer resultado de esta investigación fue un libro sobre la historia de los derechos humanos desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XX («La sacralidad de la persona», SalTerrae 2025). Pero es obvio que las ideas que subyacen a los «derechos humanos» son mucho más antiguas que las declaraciones de derechos humanos francesa y estadounidense. El nuevo libro las remonta a la Edad Axial (800-200 a. C.) y las analiza no en una historia de las ideas, sino en el marco de una historia de los imperios. Mi enfoque específico consiste en mostrar el universalismo moral como una fuerza anti imperial, pero también, una y otra vez, como un medio que los imperios utilizan para legitimar su expansión.
Pregunta:
¿Cómo han influido todas sus experiencias vitales y su contacto directo con otras culturas en la configuración de tu obra y en tu comprensión de la historia de nuestros valores morales?
Respuesta:
Soy alemán, pero he estado en estrecho contacto con otras culturas europeas durante más de medio siglo; con Estados Unidos, donde he impartido clases desde la década de 1990, especialmente en la Universidad de Chicago; con la India en la década de 1980 y con China desde 2010. Mi libro va más allá de las contribuciones convencionales al hacer hincapié en los fundamentos del universalismo moral que se encuentran fuera de Occidente, sin descuidar Europa y América.
Pregunta:
¿A qué público te diriges al escribir estas páginas? ¿Qué espera que el lector general -que recurre a su obra movido por la preocupación por la situación internacional- encuentre en estas páginas?
Respuesta:
Este libro tiene como público objetivo al lector general, pero no se trata de una historiografía divulgativa. La razón es que no me limito a presentar mis propios puntos de vista, sino que los contrasto constantemente con las narrativas rivales más influyentes, como las de Max Weber. Cuanto más sepan los lectores, más interesante les resultará. Si consideran que mi libro merece la pena leerlo, comprenderán mejor la constelación histórica contemporánea.
Pregunta:
Para aquellos lectores que creen que los derechos humanos son una invención moderna, ¿qué personaje o episodio histórico de entre los que relatas en tu libro (desde Bartolomé de las Casas defendiendo a los pueblos indígenas hasta Gandhi o Martin Luther King) crees que les sorprenderá más al leer el libro?
Respuesta:
En los países protestantes, De las Casas no es muy conocido, pero esto debería ser diferente en España y Latinoamérica. Quizás algunos lectores encuentren mi interpretación de Dante (capítulo 5.8.) completamente nueva e instructiva. Lo que me han comentado los lectores es que el capítulo 4.4., sobre el emperador budista Ashoka, que gobernó en el norte de la India entre los años 317 y 297 a. C., fue lo que más les sorprendió, y en el capítulo 8.3., el papel del intelectual confuciano chino P. C. Chang en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos tras la Segunda Guerra Mundial.

Pregunta:
El subtítulo de tu libro destaca el choque entre la «dominación mundial» y la «ética de la humanidad». Tras haber analizado miles de años de historia, ¿cuál dirías que es el mayor peligro en la actualidad?
Respuesta:
Creo que vivimos en una era de una nueva lucha interimperial entre el imperio estadounidense, que intenta mantener su papel hegemónico, y China. Estas fases de posible conflicto interimperial son especialmente peligrosas y hacen que los intentos por preservar la paz sean particularmente urgentes.
Pregunta:
Por último, ¿por qué es fundamental el universalismo moral para comprender la crisis actual?
Respuesta:
Cuando hablo de universalismo moral, me refiero a la orientación hacia el bienestar de TODOS los seres humanos, no solo de aquellos que pertenecen a nuestro propio Estado, imperio, civilización, comunidad religiosa o lo que sea. Esto debe extenderse incluso a todos los seres humanos del futuro y a los sufrimientos de los seres humanos del pasado. Esta es la directriz moral que nos obliga a pensar en posibles articulaciones y organizaciones contemporáneas de este ethos.



