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Una esperanza ejercitante

Jun 12, 2025

¿De qué hablamos cuando hablamos de esperanza? La palabra sale mucho en discursos, homilías, lemas de campaña y, claro, en sobremesas de crisis. Puede que no exista un tema más presente y más esquivo que este: todos la necesitamos, pocos se atreven a definirla y casi nadie escapa a la tentación de confundirla con el optimismo.

Por eso hablamos de esperanza. Y lo hacemos con David Cabrera SJ y Sara García. Juntos han escrito Ejercicios espirituales para peregrinos de esperanza. La historia de este libro arranca casi por casualidad, con una tanda de Ejercicios ignacianos pensada para acompañar a quienes buscaban un poco de sentido en medio de la inestabilidad. El eco de aquellos días, las conversaciones y la constatación de que la esperanza no caduca —y, sobre todo, que tampoco es una fórmula mágica— les llevaron a unir fuerzas y ponerlo negro sobre blanco. ¿Qué tiene la esperanza cristiana que ver con la vida real? ¿Qué diferencia hay entre esperar y simplemente desear que las cosas cambien? ¿Se puede sostener el ánimo cuando no hay solución, o la fe solo sirve para cuando todo va bien?

Ninguno de los dos se escapan del barro: viven la espiritualidad en el aula, en la dirección de un colegio centenario, en la pastoral con jóvenes y en el acompañamiento de quienes se preguntan por qué la esperanza merece la pena.

David: Me llamo David Cabrera, soy sacerdote jesuita y psicólogo clínico. He dedicado muchos años al acompañamiento terapéutico de personas que buscaban ayuda. Ahora estoy más volcado en la pastoral de jóvenes en MAG+S. Desde casi el inicio de mi formación como jesuita me fui especializando en la espiritualidad ignaciana, sobre todo en la dirección de los Ejercicios Espirituales. Me apasiona la figura de san Ignacio y, en concreto, el proceso de los Ejercicios, que me ha llevado a dedicarles muchas horas de estudio y de práctica. Me gusta dar tandas de ejercicios a personas muy diversas. Ahí descubro cuánto nos puede transformar esa experiencia.

Sara: Soy Sara García, religiosa de las Hermanas del Ángel de la Guarda. Soy de Albacete, aunque llevo nueve años en Gijón, trabajando en nuestro colegio, que es un lugar muy especial para nuestra congregación. Ahora mismo doy clase de religión y valores éticos en secundaria y estoy en la dirección del colegio. Antes he pasado por primaria, orientación y pastoral con jóvenes. La educación y la espiritualidad son dos de mis grandes pasiones. Poder formar personas de manera integral, considerando también la espiritualidad, me parece un auténtico regalo. Siento que anunciar la Buena Noticia de Jesús con un lenguaje que conecte con la vida real es una llamada urgente. Cuando una puede hacer esto, facilitas que Dios pase por la vida de las personas. Ser testigo de eso me sobrecoge.

David: En el contexto del Jubileo de la esperanza que convocó el papa Francisco, Sara y yo ofrecimos juntos una tanda de Ejercicios en diciembre de 2024. Buscábamos ayudar a quienes venían a pasar unos días de oración a profundizar en la experiencia cristiana de la esperanza. Unimos el proceso de los Ejercicios ignacianos con el tema de la esperanza, y así surgió el libro. Queríamos que este material llegara a más personas. Pensamos que la esperanza no caduca. Este libro recoge propuestas concretas para dedicar unos días a la oración, solo o acompañado, y para peregrinar con esperanza en el día a día.

Sara: El libro surge a raíz de esa tanda de ejercicios. El tema central era la esperanza. En este año jubilar y viendo los ecos de los Ejercicios, nos pareció interesante que la materia que ofrecimos llegara más allá de las personas que participaron. Por eso nos lanzamos. Queríamos que otras personas pudieran vivir esa experiencia, aunque no estuvieran allí. Creemos que la esperanza es un bien que hay que compartir, especialmente ahora.

David: La esperanza tiene su sitio desde el principio, ya en el “Principio y Fundamento” de los Ejercicios. Ignacio habla del horizonte de la salvación y de vivir la vida en alabanza, reverencia y servicio a Dios. Estas actitudes dirigen la vida hacia ese horizonte y sumergen al cristiano en una vivencia profunda de esperanza. Destacaría especialmente la definición de consolación: Ignacio dice que la consolación es experimentar más fe, más esperanza y más caridad. El cristiano que vive animado por la consolación, como don y gracia de Dios, vive con más esperanza. Es importante: no es lo mismo que el optimismo. La esperanza es un corazón contagiado de amor y pasión por Cristo, capaz de movilizar toda la vida.

Sara: La esperanza es el hilo conductor o el telón de fondo de estos ejercicios. Nos fuimos dando cuenta de que necesitamos reenfocar cómo la entendemos. Muchas veces creemos que la esperanza es esperar que ocurra lo que queremos, o que llegue una “solución” a lo que nos inquieta, pero no siempre hay solución posible. Confundimos optimismo con esperanza. La esperanza cristiana pasa más por creer que, pase lo que pase, tiene sentido si lo vivimos con y desde Dios. No es solo una idea, es una experiencia que se recibe cuando pasamos tiempo con el Señor y le dejamos espacio. Hay que estar, dejarse mirar y acoger lo que venga. Es una gracia que no se fuerza, se acoge.

David: Siempre ha sido un regalo. Eso sí, hace falta sintonía para que la propuesta tenga sentido y suene bien. Con Sara esa melodía común surgió fácilmente. Compartir espacio, tiempo y tarea en los Ejercicios, con otra persona, tiene mucho de fundamento. Es un testimonio eclesial: dos carismas, una misma fe. Además, me aporta creatividad, diversidad en los planteamientos y la riqueza de ver a Dios actuando en vidas distintas, con matices únicos.

Sara: Como Hermana del Ángel de la Guarda, acompañar es parte de lo que soy. Los Ejercicios ignacianos son un ámbito privilegiado para vivirlo: anunciar la Buena Noticia y acompañar a quienes buscan a Dios. Ignacio propuso un método de oración que abarca toda la vida. Ser testigo de las búsquedas de las personas es un lujo. Si a eso le sumas la experiencia de prepararlo y vivirlo con alguien como David Cabrera, SJ, que tiene hondura espiritual y conoce el proceso, la experiencia se multiplica. Se potencia la dimensión eclesial y la misión compartida.

Sara: Sobre todo propuestas concretas para rezar, reflexionar y mirar la propia vida con ojos de esperanza. Queremos ayudar a otros a descubrir que la esperanza cristiana se puede vivir, no solo pensar. Cuando se vive de verdad, cambia la manera de mirar y de estar en la vida.

David: El libro está pensado para quien quiera dedicar un tiempo a la oración y la reflexión, ya sea en retiro o en la vida cotidiana. Lo que proponemos no es una receta, sino un camino. Se trata de aprender a vivir con un deseo renovado de esperanza, también cuando las soluciones no aparecen.

Gracias a los dos por poner palabras a una experiencia que muchos necesitan, aunque no siempre sepan cómo nombrar. Y gracias por recordarnos que la esperanza no es un privilegio para días buenos, sino un hábito para quienes no se rinden.

SalTerraeSalTerrae

Ejercicios espirituales para peregrinos de esperanza

David Cabrera Molino, Sara M. García Tolmo S.A.C.

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