En 1912, Rabindranath Tagore subió a un barco rumbo a Inglaterra llevando consigo un cuaderno de poemas traducidos por él mismo al inglés. Tenía cincuenta y un años. Había perdido a su esposa, a dos hijos y a su padre. Había escrito durante décadas y era una figura conocida en Bengala. Aquel pequeño conjunto de textos iba a cambiar su vida. Los poemas acabarían publicados como Gitanjali, sin lugar a dudas, su obra más famosa.
Para entender cómo llegaron hasta aquel barco hay que regresar a Calcuta, al 7 de mayo de 1861. Tagore nació en Jorasanko, dentro de una familia donde la música, la literatura y la religión formaban parte de la vida diaria. Su padre, Debendranath Tagore, estaba vinculado al Brahmo Samaj y transmitió a su hijo una espiritualidad centrada en la relación personal con Dios.
Rabindranath creció entre libros y canciones. Gran parte de su educación ocurrió en casa. A los doce años acompañó a su padre por la India. Recorrieron Santiniketan, Amritsar y el Himalaya. Allí leyó los Upanishads y aprendió a relacionar naturaleza, oración y experiencia cotidiana.

Aquellos años dejaron materiales que mucho después entrarían en Gitánjali.
A los diecisiete años viajó a Inglaterra. Regresó pronto a Bengala y se entregó a la literatura. Tras casarse con Mrinalini Devi en 1883, pasó largas temporadas administrando las propiedades familiares en Bengala oriental. Navegaba por los ríos, visitaba aldeas y convivía con campesinos. Esa vida alimentó sus cuentos y transformó también su poesía.
Tagore encontraba lo sagrado dentro de lo cotidiano: un río, una canción, el trabajo, una ausencia, una persona que espera.
En 1901 fundó una escuela en Santiniketan. Quería que los alumnos estudiasen en contacto con la naturaleza y desarrollasen una relación viva con el conocimiento.
Entonces llegaron las pérdidas. Mrinalini murió en 1902. Su hija Renuka falleció al año siguiente. Su padre murió en 1905. En 1907 perdió a Samindranath, su hijo de once años.
Y Tagore siguió escribiendo. La muerte, la separación, el deseo de encuentro con Dios y la fragilidad humana fueron entrando en sus poemas con una intensidad distinta. En 1910 publicó en bengalí Gitanjali. Dos años después seleccionó y tradujo al inglés poemas de aquel libro y de otros volúmenes.
Durante el viaje hacia Inglaterra trabajó sobre aquellas traducciones. William Rothenstein las leyó y las hizo circular. W. B. Yeats quedó impresionado y escribió la introducción de la edición inglesa publicada en 1912.
Justo un año después, Tagore recibió el Premio Nobel de Literatura. El premio convirtió a Gitánjali en un fenómeno internacional. Sin embargo, su verdadera historia había comenzado mucho antes. Estaba en aquel niño que recorría la India junto a su padre. En los ríos de Bengala. En Santiniketan. En las personas queridas que murieron demasiado pronto. En las preguntas que Tagore llevó consigo durante años.
Gitánjali nació de toda una vida aprendiendo a convertir la experiencia en oración. Por eso, antes de llegar a Estocolmo, Tagore ya había realizado el viaje decisivo.
Había aprendido a ofrecer sus palabras.

Esta nueva edición de Gitánjali (Ofrenda de poemas) reúne los 103 poemas de Tagore en la traducción directa del bengalí de Manuel Díaz Gárriz, SJ.
En sus páginas desemboca toda aquella vida: los viajes, las pérdidas, la naturaleza, la experiencia religiosa y una manera de convertir cuanto había vivido en palabra ofrecida.



