Hay fechas que llegan marcadas en rojo en nuestro calendario personal, igual que la visita de ese amigo entrañable al que hace tiempo no vemos. Una de esas fechas esenciales es, sin duda, el Día del Libro. Esta jornada especial despierta en muchos la misma emoción que experimentaba Alonso Quijano cuando abría un nuevo tomo de aventuras y sentía que la vida verdadera estaba ahí, entre palabras impresas.
Todo empezó gracias al empeño de Vicente Clavel Andrés, aquel valenciano que allá por 1923 tuvo la brillante idea de dedicar un día entero al libro. Inicialmente, la fecha elegida fue el 7 de octubre, coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Miguel de Cervantes, genio absoluto de nuestras letras. Pero la suerte, que suele jugar con ironía, desplazó finalmente la celebración al 23 de abril, la misma fecha en la que tradicionalmente se creía que Cervantes había partido hacia su última aventura en 1616.
Claro que la realidad histórica siempre guarda matices interesantes: hoy sabemos que Cervantes murió el día anterior, pero que el registro parroquial marcó la fecha del 23 como su día oficial de defunción. Curiosamente, esta coincidencia literaria se repite con otros grandes, como el Inca Garcilaso de la Vega y el mismísimo Shakespeare, aunque este último, en realidad, dejó la vida según otro calendario, el juliano, que hoy correspondería al 3 de mayo. Pequeñas travesuras del tiempo que enriquecen aún más el misterio de esta fecha.
Con los años, el 23 de abril se ha convertido en una auténtica constelación literaria, sumando también las despedidas de figuras como Josep Pla, Vladimir Nabokov y William Wordsworth. Así, el Día del Libro es ahora un crisol en el que homenajeamos a esos hombres y mujeres que, con sus historias, nos llevan a explorar realidades impensadas y emociones desconocidas.
Desde 1995, gracias al empuje global de la UNESCO, esta celebración traspasó fronteras convirtiéndose en el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. Desde entonces, el objetivo es claro y apasionante: fomentar la lectura, impulsar la creación editorial y proteger los derechos intelectuales. Por eso, cada año, las calles y plazas se llenan de ferias, lecturas colectivas, talleres y exposiciones que convierten nuestras ciudades en verdaderos epicentros culturales.
Celebrar el Día del Libro significa defender nuestra capacidad de imaginar libremente, pensar sin ataduras y vivir intensamente cada página, cada historia, cada nueva vida que la literatura nos ofrece.
¡Feliz Día del Libro! Que cada lectura te lleve siempre un poco más allá.

