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“De Roberto a León”: una amistad del alma.

Oct 6, 2025

Tras el fallecimiento del papa Francisco el 21 de abril, el 8 de mayo de 2025 la fumata blanca volvió a sorprender.

El anuncio que salió de la Capilla Sixtina rompió las previsiones de muchísimos analistas y devolvió a muchos la sensación de asombro. No era un nombre que sonara entre los favoritos. Había quienes apostaban por un cardenal italiano, con experiencia en la Curia, o por un latinoamericano que diera continuidad al legado de Francisco. El elegido fue Robert Francis Prevost, agustino, nacido en Chicago, hijo de Louis y Mildred, nieto de migrantes que a principios del siglo XX se movieron a y por los Estados Unidos en busca de una vida más justa y un futuro mejor. Aquella tarde, la Iglesia entera escuchó un nombre nuevo: León XIV.

Ese día comenzó un pontificado, pero la historia que cuenta este libro arranca mucho antes, lejos de Roma y del cónclave. Su escenario está en el norte del Perú, en las calles vivas de Trujillo, donde hace más de tres décadas se cruzaron los caminos del padre Roberto —como lo conocían todos entonces— y un joven peruano llamado Armando Jesús Lovera Vásquez. De esa experiencia nació lo que Armando llama una “amistad del alma”: una amistad que no se mide por la frecuencia ni por la cercanía física, sino por la hondura, la lealtad y la raíz que tiene en Dios. Una amistad con acento agustiniano, levantada a base de vida comunitaria, búsqueda interior y mucha confianza mutua. Robert Prevost y Armando -y sus respectivas familias- llevan más de 30 años viviendo y compartiendo con intensidad esa amistad del alma.

Eso es lo que hace único a De Roberto a León. Es la narración directa de un amigo que rescata experiencias, recuerdos y gestos sencillos para hablarnos del religioso que sabía escuchar sin prisas, del misionero cercano a la gente, del hombre capaz de reír con serenidad incluso en los días complicados. Un retrato de fondo, que, en realidad, nos muestra a la persona que hoy sostiene la Iglesia con la calma del pastor que sirve. Si algo atraviesa cada página es la huella de esa amistad tejida en la vida diaria. En este libro se ve cómo las vidas cambian, pero el hilo que las une no se rompe. Lo que sostiene todo el relato no es la carrera, ni siquiera el pontificado, sino esa “amistad del alma” que sobrevive al paso de los años y a la distancia.

A través de sus páginas entendemos que la trayectoria de Robert Prevost fue modelada por una vocación de servicio. El libro recorre su camino formativo en la Orden de San Agustín, donde se templó “el hermano y amigo que busca a Dios en comunidad”, bajo un carisma que prioriza la “unión de almas y corazones”. También se detiene en su labor misionera en el Perú, donde fue presbítero y obispo en lugares como Chulucanas, Trujillo y Chiclayo, fortaleciendo la fe con un mensaje atento a los humildes. Doce años como prior general consolidaron un liderazgo firme y discreto, siempre enraizado en la fraternidad. Él mismo lo resumió en una frase que condensa su manera de vivir: “Podré renunciar a muchas cosas, pero nunca a ser agustino ni a sentirme hermano vuestro”.

El libro alcanza su punto más intenso en el relato de la elección papal y el resonante Accepto del 8 de mayo de 2025. Sin revelar los detalles internos del cónclave, Lovera consigue transmitir el peso espiritual de ese momento. Se trata de entender qué hay detrás del gesto: un corazón que acepta la llamada con serenidad y confianza. La elección del nombre León XIV no fue casual. Remite a León XIII y a su encíclica Rerum novarum, y expresa una continuidad clara: la fidelidad a la Doctrina Social de la Iglesia, el compromiso con la justicia y la dignidad del trabajo humano. Pero también una intensísima amistad llena de guiños con la Orden de San Agustín.

De ahí arranca también el hilo conductor de este libro: la amistad, la lealtad y la vida compartida, que para Prevost no son solo virtudes personales, sino un modo de entender la Iglesia y el propio pontificado.

Porque en esa doble herencia —la pasión por la justicia social y la raíz agustiniana de la amistad— se sostiene todo lo que aquí se cuenta: el programa, el talante y el fondo humano del nuevo Papa. León XIV lo ha repetido muchas veces: la Iglesia debe ser una comunidad de amigos de Jesús. Una red de relaciones sostenidas en la fe. En sus palabras, “la amistad puede realmente cambiar el mundo. La amistad es un camino hacia la paz”.

Este libro llega en el momento justo. Detrás de la elección tras el inigualable Francisco, los símbolos, el protocolo y los discursos, la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién es este hombre? Aquí puede que haya algo más de luz. Porque lo que de verdad cambia una vida —y puede cambiar la Iglesia— es la amistad auténtica.

Y esa, a día de hoy, sigue siendo la mejor noticia.

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De Roberto a León

Armando Jesús Lovera Vásquez

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