La Oración

"... Con el Sentimiento de una Presencia..."

Si oramos poco o mal, probablemente se deba a que queremos protegernos de las heridas que el mundo nos puede infligir, a que pretendemos preservarnos de sus presiones e inquietudes, a que "hemos perdido el mundo". En nuestro mundo, en el que todo tiende a ser planificado a gran escala y escapa al dominio cotidiano y concreto de cada uno de nosotros, parece como si, a la hora de orar, no tuviéramos más opción que refugiarnos en el goce inmediato, que no logra disimular su secreta esperanza, o en un gran rechazo que, como si de una huida se tratara, no logra disimular la imposible satisfacción de nuestras necesidades. Ya no vivimos de ese "encuentro" que nos enseña a vivir "con el sentimiento de una Presencia" que nos acompaña, nos atrae y, al despojarnos, acrecienta nuestro ser: de lo que vivimos es de la "ilusión" de poder colmar nuestras necesidades, sin lograr disfrutar nunca del todo de su satisfacción. A partir del "encuentro" con el Señor, aprendemos a reconocer su Presencia en lugares y rostros donde "brilla por su ausencia" (oración de contemplación), y a hacerlo dejándonos llevar por el apasionado amor a quienes viven en el mundo (oración de discernimiento).

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Ficha técnica

  • Año de publicación 1996
  • Editorial SalTerrae
  • Edición 1
  • Número 31 ST Breve
  • Páginas 102 Págs.
  • ISBN 978-84-293-1201-0
  • Encuadernación Rústica

Si oramos poco o mal, probablemente se deba a que queremos protegernos de las heridas que el mundo nos puede infligir, a que pretendemos preservarnos de sus presiones e inquietudes, a que "hemos perdido el mundo". En nuestro mundo, en el que todo tiende a ser planificado a gran escala y escapa al dominio cotidiano y concreto de cada uno de nosotros, parece como si, a la hora de orar, no tuviéramos más opción que refugiarnos en el goce inmediato, que no logra disimular su secreta esperanza, o en un gran rechazo que, como si de una huida se tratara, no logra disimular la imposible satisfacción de nuestras necesidades. Ya no vivimos de ese "encuentro" que nos enseña a vivir "con el sentimiento de una Presencia" que nos acompaña, nos atrae y, al despojarnos, acrecienta nuestro ser: de lo que vivimos es de la "ilusión" de poder colmar nuestras necesidades, sin lograr disfrutar nunca del todo de su satisfacción. A partir del "encuentro" con el Señor, aprendemos a reconocer su Presencia en lugares y rostros donde "brilla por su ausencia" (oración de contemplación), y a hacerlo dejándonos llevar por el apasionado amor a quienes viven en el mundo (oración de discernimiento).