Iglesia, ¿adónde vas?

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El Vaticano II ocupa, pues, la primera parte de este libro; pero también habla Koenig, largo y tendido, acerca del Sínodo de los Obispos, del "Secretariado para los no-creyentes", de la "Ostpolitik" vaticana y de los cuatro Papas con los que tan de cerca ha colaborado a lo largo de su dilatada vida de cardenal.

Está fuera de toda duda que el Cardenal de Viena, Franz Koenig, fue uno de los principales protagonistas del Concilio Vaticano II. Por eso, cuando ahora parece haber algunos que pretenden cuestionar lo que el Concilio supuso de renovación revitalización y nuevo impulso para la Iglesia, le ha parecido oportuno a Gianni Licheri solicitar en parecer del cardenal sobre aquel acontecimiento, porque opina que su experiencia puede resultar orientadora en estos momentos en los que están viva la discusión entre quienes pretenden redimensionar y quienes desean actualizar ("aggiornare") la Asamblea ecuménica, clausurada por Pablo VI hace ahora veinte años.

El Vaticano II ocupa, pues, la primera parte de este libro; pero también habla Koenig, largo y tendido, acerca del Sínodo de los Obispos, del "Secretariado para los no-creyentes", de la "Ostpolitik" vaticana y de los cuatro Papas con los que tan de cerca ha colaborado a lo largo de su dilatada vida de cardenal.

A quienes no le conozcan, tal vez les sorprenda el optimismo y la apertura de espíritu que demuestra tener este cardenal de ochenta años. Quizá se deba a que, a pesar de las importantes funciones que ha tenido que desempeñar en la Iglesia, nunca se ha encerrado en un despacho curial, jamás ha renunciado a su intensa actividad pastoral y, sobre todo, ha sabido estar abierto a los vientos y corrientes de la historia que le ha tocado vivir y en la que ha tenido la necesaria sensibilidad para contemplar el devenir de la Iglesia. No es extraño, por tanto, que afirme que "la verdadera fuerza de la Iglesia y sus aspectos positivos se encuentran ahora en otros continentes (distintos del europeo): ante todo en Africa, pero también en América Latina y en Asia". Tampoco pueden extraer estas otras palabras: "Poner el acento en la palabra 'restaurar' evoca un excesiva nostalgia por el pasado. Hay que tener presente, por el contrario, que se ha celebado un Concilio después de casi cien años desde el anterior" (...). "La Iglesia debe avanzar y renovar el espíritu del Concilio reformándolo hacia delante, sin pensar con temor en él, porque el cambio que supuso entonces sigue siendo un hito irrenunciable. El discurso del Papa Juan contra los que profetizan desdichas sigue conservando toda su actualidad..."

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