La Palabra de Dios, escuela de oración

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Este libro puede hacernos descubrir el profundo y rico mundo de la oración bíblica, con su integración absoluta del Dios de la historia, que parte de la historia para volver a ella, integrándonos en ese movimiento a los discípulos del gran orante: Jesús de Nazaret. Integración, silencio, liberación... y, sobre todo, Cristo, cuyo Espíritu ora dentro de nosotros y pronuncia la palabra clave: "Padre"

Hace ya años que viene sintiéndose en la Iglesia entera la necesidad de recuperar el sentido de la oración, del silencio y de la comunicación con el Espíritu.

Muchos han recuperado todo esto gracias al descubrimiento del riquísimo mundo oriental de la oración, con su experiencia milenaria y su enorme profundidad espiritual. Y ello les ha ayudado a centrar de nuevo su vida, que, casi sin sentirlo, se iba desgastando, vaciando de gusto y de alegría. Es verdad que en este proceso ha habido una serie de desenfoques ["fuga mundi", espiritualismos, etc.], a veces nada más que por seguir la moda. Pero otras muchas veces se ha alcanzado un verdadero encuentro de espiritualidades y culturas. Con todo, antes de acudir a las fuentes orientales, ¿podemos decir que hemos apurado hasta el fondo las posibilidades de nuestra tradicional cristiana a partir de la Palabra de Dios en la Biblia?

Este libro puede hacernos descubrir precisamente ese tan profundo y rico mundo de la oración bíblica, con su integración absoluta del Dios de la historia, que parte de la historia para volver a ella, integrándonos en ese movimiento a los discípulos del gran orante: Jesús de Nazaret. Integración, silencio, liberación... y, sobre todo, Cristo, cuyo Espíritu ora dentro de nosotros y pronuncia la palabra clave de nuestra vida: "Padre". Esta es nuestra primera y más rica tradición, de la que bebieron directamente nuestros místicos y que también nosotros podemos recuperar para vivir y recrear nuestra propia oración. Porque la oración en sí no existe; existen los hombres que oran. Existe mi oración, la tuya, la suya, la del desesperado, la del contemplativo, la del niño... "La oración es realista -dice el autor-, está hecha de nosotros y por nosotros, y es siempre digna de nosotros, sea la que sea".

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