Entrevista a Fran Beúnza Navarro, autor de “Encontrar la Lux perdida”
Fran Beúnza (Pamplona, 1985) pertenece a esa especie de autores que escriben desde la frontera entre la fe y la cultura popular. Profesor, educador y acompañante de jóvenes, ha convertido su experiencia en aula y pastoral en materia de reflexión. En su nuevo libro, “Encontrar la lux perdida” (Mensajero), propone una mirada creativa sobre la espiritualidad cristiana en tiempos de redes, memes, series y playlists.
El título del libro ya encierra un guiño generacional: lux, palabra latina que remite a la tradición, y al mismo tiempo presente en el último y ambicioso álbum de Rosalía. Beúnza parte de esa coincidencia simbólica para hablar de un cristianismo que vuelve a despertar en lugares inesperados: en el arte, en las canciones, en la pantalla, en la calle.
En esta entrevista, Beúnza se lanza a hablar sobre cómo el cristianismo puede seguir siendo contracultural sin volverse sectario, cómo la fe necesita nuevos lenguajes sin perder su hondura, y por qué, quizá, la verdadera revolución espiritual no está en los templos, sino en las historias que seguimos contando.
En el libro te preguntas si el cristianismo es el nuevo punk.
Es síntoma de que el nihilismo va muriendo poco a poco. Este repunte cultural no significa un cambio total de ciclo, sino una tendencia que podemos aprovechar. La vanguardia es rebelde un tiempo hasta que mucha más gente la adopta. En ese sentido, pienso que creer lleva años siendo contracultural. Además, es la manifestación de un fenómeno que veníamos observando los últimos años en algunos grupos de jóvenes. “El que tiene frío busca la lumbre”, dice la columnista y escritora Ana Iris Simón, y yo creo en eso. Nuestros jóvenes tienen mucho frío existencial, y ni el mercado ni las ideologías ofrecen sustentos sólidos en los que mantenerse, aunque ¡queda Nietzsche para rato todavía!
Tu libro une la oración con el pop, las series y las películas, la Biblia, Dante Alighieri y hasta se cruza con Rosalía. ¿Crees que la fe necesita traducirse a nuevos lenguajes para seguir viva en la cultura contemporánea?
Creo que lo que hago, en realidad, no tiene mucho de nuevo; en todo caso, trato de ser fiel creativamente y me sirvo de la cultura para tratar de explicar quién es el Dios de Jesús. Esta traducción es una pura imitación de las parábolas de Jesús en la actualidad. Él vivía en un mundo que necesitaba imágenes del campo, y nosotros vivimos en un mundo lleno de estímulos y de historias que nos pueden servir para traducir a Dios. Este hacer nuevo lo que es origen es un don y un entrenamiento maravilloso para el cristiano contemporáneo. Yo me lo paso genial haciéndolo.
Precisamente Rosalía ha convertido Lux en un acto de misticismo pop radical: vestida “a lo monja”, rodeada de imaginería religiosa, orquesta sinfónica y trece idiomas para hablar de trascendencia. En “Encontrar la lux perdida”, tú propones un diálogo entre la fe y la cultura contemporánea. ¿Cómo conversan el éxtasis pop y el silencio interior? ¿Son rivales, aliados o ya no existe frontera entre lo sagrado y lo viral?
Como dice una de mis santas favoritas.: «Si Dios está en todas partes, ¿cómo es que yo siempre estoy en otra parte?». A mí escuchar a Rosalía me ayuda a rezar. Algunas de sus canciones me conectan con lo trascendente. En este diálogo trascendente hay varios elementos: está el arte de Rosalía, está el misterio y estoy yo. La clave está en que ocurre en la primera y la última. Una de las cosas que más pena me ha dado es cuando algún joven no consigue conectar con su realidad espiritual porque confunde tipo de mediación con la fe y acaba pensando, por ejemplo, que como no le gustan los cantos de Taizé él no tiene fe, o que, como no le gusta o disfruta con la música de Hakuna, no es tan religioso. El pop o cualquier otra mediación pueden ser cauces para conectar con el misterio de amor que es Dios. El silencio es una necesidad y uno de los camino más rápidos y más arduos para el encuentro con Dios. Pero no hay que confundir la mediación con el misterio.
Cada vez más figuras públicas hablan de su fe sin pudor: desde futbolistas que rezan ante las cámaras hasta cantantes, actores o influencers que agradecen a Dios un premio, exhiben crucifijos o comparten que van a misa a diario. ¿Qué te sugiere esa exposición? ¿Estamos ante una fe más libre y desacomplejada o ante un escaparate donde lo religioso se convierte en otro accesorio del marketing?
Un poco de las dos. Solo cada uno va descubriendo su verdad. Unir Dios al éxito es una de las peores cosas que podemos hacer. Parafraseando a Martin Buber podemos decir que éxito no es uno de los nombres de Dios. Porque LUX espero que no sea la abreviatura de luxury sino la luz en latín. Al mismo tiempo, pienso que muchas personas necesitan expresar su fe y dar razón de ella sin complejos. Como en la parábola del trigo y la cizaña, ambas cosas crecen juntas. Hay que saber ver ambas y, sobre todo, confiar en el dueño del campo, que nos recuerda que al final solo quedará el trigo. No todo vale para anunciar el evangelio pero Dios puede entrar en la vida de la gente contra todo pronóstico.
Muchos asocian la fe con normas o con instituciones, pero tú escribes desde la belleza, la cultura y la esperanza. ¿Qué papel juega la belleza en tu manera de anunciar el cristianismo? ¿Es también una forma de resistencia frente al desencanto?
La belleza es un regalo, es un don del que podemos participar. Contemplar la belleza es una de las maneras de acercarse a Jesús: la belleza de su persona, de los santos y santas que le han seguido, la de la música, la literatura… También esa extraña belleza que supone la entrega absoluta de un Dios que se hace bebé en un portal por amor. Resistir y crear son de las misiones más bellas que nos pide Jesús en estos tiempos. Quizás en todos los tiempos. No reniego de las instituciones. Necesitamos vivir la vida en comunidades que articulen normas sólidas, eso ayuda. Siempre y cuando la comunidad este en
continuo discernimiento de lo que Dios pide a cada una de sus personas.
En el libro dices que las historias que amamos son grietas por las que se cuela la luz. ¿Cuál fue la primera historia que te abrió esa grieta, la que te hizo pensar que merecía la pena escribir, por ejemplo, este libro?
Empecé a escribir este libro sin saberlo en el momento en el que puse una escena de Stranger Things en mi clase de 1.º de la ESO para explicar que Dios te quiere vivo y a salvo. Era justo después de la pandemia. Creo que fue cuando una de mis alumnas dijo que todos hemos sido la protagonista de esa escena alguna vez. Todos hemos sido Max escapando del Mundo del revés. Y pensé que a mí me gustaría ser uno de los amigos que tratan de salvar a la protagonista buscando la casete con su música favorita. Pensé que quizás eso es, en el fondo, ser cristiano: ser capaz de conectar a la persona con lo mejor que tiene en su interior, con ese trocito de Dios que todos llevamos dentro. Y quizás luego vinieron el resto de historias que pretenden ser como la música de la escena: aquello que te aproxima a un quién, a ese Alguien que te da fuerzas y te salva.
También dices que volver no siempre es regresar. ¿A qué tendría que volver la fe cristiana para reencontrar su pulso? ¿Y de qué se ha exiliado en este tiempo: del arte, de la palabra o del riesgo?
¡Quizás ya estemos en nuestro pulso! A mí me gusta decir que somos y vamos a ser (independientemente de este pequeño giro católico) una minoría con alegría. El otro día tuiteé que vuelve Dios, pero me pregunté: ¿qué Dios vuelve? Es una oportunidad nueva de descubrir juntos al Dios de Jesús. Este camino es siempre una aventura, no exenta de peligros. Las ideologías del siglo XX y XXI han agotado los “porqués”, las grandes causas… En el libro intento explicar que, aunque necesitamos ideología, esta siempre es imperfecta (como nosotros), y que la búsqueda de un “por quién” concreto, un rostro por quien hacemos las cosas tiene mucho más de verdad y de religioso. Toda la historia de la Iglesia es tratar de volver a Jesús y responder mejor a los signos de los tiempos. A veces me parece que con el tema de Dios occidente esta un poco en la adolescencia, como que necesita autoafirmarse negando a Dios. El paso a la madurez es ir comprendiendo al padre.
Eres padre, profesor y pastoralista. Si tus alumnos te preguntaran quién es Jesús sin referencias religiosas, ¿cómo se lo explicarías para que entendieran por qué todavía hay quienes lo siguen dos mil años después?
Si mi alumnado se preguntase en serio “¿quién es Jesús?”, saldría muy feliz de mis clases. Eso significaría que lo estaría haciendo muy bien. El propio alumno desearía saber la respuesta con una intensidad tal que solo tendría que decirle: “Ven con nosotros (la comunidad cristiana escolapia) y lo verás”. Ven de voluntariado, ven a ser catequista, ven a una experiencia en países del sur, ven a rezar, ven a misa, ven y forma una familia, ven con los pobres, ven y verás… El encuentro con Jesús, el descubrir cómo encontrarte con él, tiene mucho de misterio sin palabras -aunque luego no te lo puedas callar- es una de las grandes cuestiones de la humanidad. Lo que yo he aprendido todos estos años de profe es que solo se puede creer en algo si antes has creído en alguien. Y solo se puede creer en Jesús con testigos valiosos. ¡No superhéroes! Testigos cercanos que hacen discretamente de su vida, con toda su fragilidad, un alegre servicio para los demás en nombre de Jesús.



